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Bochini: un libro sobre fútbol, ballet y artes plásticas

(Sobre Háblenme del Bocha, de Editorial Fútbol Contado)

 

Por Sonia Budassi

 

Elegancia, estilo pícaro de prolijo estratega. Sacrificio y lealtad. Parquedad transformadora: la aparente falta de carisma es sello referencial. Una rareza seductora, como el halo de misterio de quien, en una fiesta, se queda en un rincón y observa, en silencio. Y es un imán. Características propias, personales, subjetivas y, a la vez, la concreción de aquella sentencia de quienes en su individualidad representan a una época, a su época.

Ricardo Enrique Bochini es lo que es, es el orgullo del orgullo nacional; una tautología de sí mismo. Un alarde no buscado; la materialización de la facilidad de los talentosos que hacen cosas maravillosas casi por defecto, con la liviandad de quien sólo ejerce un don, con la humildad de quien se sabe bendecido y explica sus proezas como si no lo fueran, como si se tratara de lo más sencillo del mundo. Con esa naturalidad, Bochini, uno de los mejores jugadores de la historia, declaró cuando se le preguntaba cómo hacía: “Me paro donde no hay nadie y se la doy al que está solo”.

Maradona confesó que era su ídolo máximo. Su manager y gran amigo, Guillermo Coppola, dijo que en realidad Maradona era hincha de Independiente. Porque era hincha de Bochini. Y entonces era hincha de Independiente. Y entonces si Bochini es el orgullo de mi club, y mi club es el “orgullo nacional” y Maradona el mejor jugador del mundo, es lógico que un libro sobre el Bocha arme con desparpajo bien macerado, una gran apuesta literaria para desandar los sentidos por fuera de lo sedimentado, lo sabido, lo aburrido.

La antología Háblenme del Bocha reúne 13 relatos de autoras y autores hinchas del Rojo y de otros equipos o de ninguno. Sí: el libro admite a gente como Alejandra Laera, eximia crítica literaria, a quien el deporte le importa nada. En el prólogo, el escritor Ariel Bermani, ideólogo y compilador, lo describe como “un antihéroe de baja estatura, sin músculos, con cara de malo, capaz de usar sus pies como si fueran dedos deslizándose sobre un piano. Hasta se daba el lujo de hacer algún gol de cabeza”. Agrega Bermani que “su comida favorita son las milanesas con papas fritas”. Carlos Tevez, otro deportista ganador que supo jugar en Boca, y en varios clubes del mundo -Manchester City y el United, en Corinthians y Juventus, etc- y que en 2024 dirigió durante meses a Independiente, me dijo, cuando lo entrevisté para mi libro Apache. En busca de Carlos Tevez que ese era su plato favorito. Debe haberse copiado. Quizá solo en eso: el caso Tevez es un buen ejemplo de contraejemplo. En su juventud Carlos era mediático, canchero, cumbianchero, gracioso, popular, aspiracional de ostentar Audis y mansiones y de jugar al golf, y elaborar bravuconadas estridentes puro atractivo; mezclas que fueron capaces de aunar su mote de “jugador del pueblo” con su estilo de vida lujoso y su, con el correr de los años, más marcada relación con los partidos políticos “cajetillas” como el PRO. A su casamiento, en 2016, por ejemplo, fueron varios invitados de aquella agrupación y poderosos del establishment, incluido su líder, Mauricio Macri, flamante presidente de Argentina.

Bochini no tiene ni tuvo esos vínculos; ni aquella gracia en las declaraciones. No lo imagino capaz de hacer lo de Tévez cuando le preguntaron en vivo, con fingida incredulidad y certera mala intención, sobre una novia. Le dijeron, palabras más, palabras menos, que era feo y ella demasiado bonita (y entonces ella estaría con él por su dinero). Y él respondió entre gracioso y enojado: “¿qué, sos lindo vos? ¿te miraste en el espejo?”.

Hay muchos factores que hacen que el modelo de jugador “Bochini” funcione casi como opuesto al actual. Desde la gestualidad a su estilo de vida. Por un lado, es sabido que hasta los de Racing lo admiraban y deseaban que jugara en su equipo. Por su parte, digamos todo, Bochini no era de gritarles los goles en la cara, sino que iba a festejar al trotecito hacia centro de la cancha, sobrio no, respetuoso. Un caballero. Prevalecía el decoro. Hoy cualquier futbolista, de cualquier equipo, al hacer un gol, no solo lo grita sino que hace baile, coreografía, se quita la camiseta, y en ciertos casos hasta la cancherea de más, y se burla del rival. Y los hinchas solemos darlo por hecho, no lo cuestionamos; tenemos, internalizado, aunque nos pese, el show exitista, mediático, el circo viral, como algo de lo cual no hay vuelta atrás, como un precio que debemos pagar.

Hace mucho sabemos que los jugadores de primera división, en sus genes, llevan menos el potrero donde pudieron haberse criado, que la idea de consumo de las canciones urbanas y los desafíos de Tik Tok. No quisiera que esto suene melancólico ni conservador. Es como es.

Intento imaginar a Bochini, por ejemplo, en dos escenas protagonizadas por futbolistas del Rojo en 2024 y 2025. Virales, televisadas, enmarañadas en posteos y tuits. No puedo imaginar al Bocha ahí.

 Les cuento.

La más “escandalosa” para la dudosa moral del fútbol y esa tradición de que no importa tanto ser, sino “parecer”. La escena de la fiesta en el yate, post partido que empató contra Godoy Cruz, sobre la rivera de El Tigre. Al margen, es hermoso que ese pretendido glam cumbianchero naval se vea y se realice en el barro del Delta, no en el Mediterráneo. Allí, entonces, una de nuestras promesas actuales, Kevin Lomónaco, le hacía corazoncito con las manos al DJ. Si sigo intentando, con esfuerzo, meter a Bochini en aquel escenario, logro verlo, como mucho, quizá, conversando, merodeando, vaso (¿de vino?) en mano.

La otra escena, más inocente. La pareja del jugador chileno Pablo Galdames, Catalina Vallejos, una exitosa modelo e influencer chilena se grabó junto al mismo Kevin Lomónaco, bailando un tema sonso para Tik Tok. Suspicacias infundadas sobre infidelidades, no me dan miedo. Ver que el central pone energía ahí, junto a la exitosísima novia de su amigo, en la búsqueda de más seguidores, y por ende más esponsors, sí me resultan perturbadoras.

Cuando aún no hemos ganado nada este año; en un momento en el cual el equipo apenas acariciaba cierta estabilidad luego de naufragios en ríos turbios, tormentas, tsunamis, angustias, desolaciones, estafas, desilusiones. Pero ellos ahí. Con la relajación eufórica del victorioso, haciendo pasitos.

De vuelta: al Bocha no puedo imaginarlo así.

El Bocha es intemporal, pero no inmortal. El llamamiento a homenajearlo en vida sin cursilerías es sabiduría; la vida es corta es una frase que es un lugar común y una verdad.

En la presentación de Hablenme del Bocha, el escritor Yair Magrino sentenció con pericia otra verdad: el Bocha es el jugador más leal. Hoy sería impensable que un futbolista permaneciera en su club hasta retirarse. Más allá de que el mercado es diferente, global y con cifras más voluminosas al punto de cambiar el nivel de vida de varias familias (jugadores, dirigentes, managers, etc), al Bocha lo habían tentado para jugar en otras instituciones, de Boca a Juventus. Los rechazó. Mientras, Omar Sívori, ganador en River, se fue por un pase record para la época a ese club, y Di Stefano, también del Millonario, debutó en el Real Madrid en 1953.

Bochini, permaneció 19 años en Independiente. En 2022 fue el primer futbolista latinoamericano en recibir el One Club Man Award. En términos mercantilistas, hoy los jugadores de primera, los buenos, ya tienen un muy buen pasar y siempre están al borde de convertirse en millonarios. Antes no existía esa posibilidad.

Los buenos futbolistas, las estrellas, los genios de aquella época (los Bertoni, los Gatti, los Alonso) no se convirtieron -en general- en gente rica. Y suelen ser personajes accesibles, que andan “de a pie”, que a pesar de que hayan sido y sean famosísimos y reconocidos, te los podés cruzar en la verdulería (me pasó con el Bocha, en la calle Paunero de la ciudad de Buenos Aires).

Como dijimos, los jugadores actuales son muy concientes de lo mediático y los que pueden se arman un personaje, se esfuerzan por ser carismáticos, saben que es parte del negocio. Bochini, y por eso literariamente resulta tan interesante, rehuye esos clichés. Es un tipo árido y magistral sin necesidad de despliegue histriónico.

Dejó una senda, un ejemplo y un legado; nos regaló el lujo de poder apreciar la elegancia en el juego, la inteligencia, la pericia, el que pudo unificar, sin convertilas en contradicción, la delicadeza y la potencia. Como dice Ariel Bermani, el escritor que convocó este proyecto, Bochini “se convirtió en un símbolo de cómo conviven y se complementan el fútbol, las artes plásticas, la música clásica y el ballet”. Encontrar una prosa que se ajuste al fútbol me parece tan difícil como leer esas novelas románticas escritas de manera seriada que empalagan de tanto hiperbólico amor. ¿Es posible despegarse del tono? Sí. Lo hicieron tantos escritores que hablan del amor, de Gustave Flaubert a Leon Tolstoi a Julian Barnes, miles más (no quiero meterme en el área literaria contemporánea y local). Veo en este libro un cruce entre el análisis y el humor y la descripción técnica y un vuelo filosófico y literario divertido; sin ánimos solemnes. Actitud tan habitual en gran parte del periodismo deportivo.

En este libro hay historias fantásticas, escritas con sutileza y contadas con pasión. Irrespetuosas del totem y del mármol de la estatua; desfachatadas y tiernas; inteligentes e irónicas, y densas, transformadoras; que te hacen emocionar aunque no sepas si la pelota es redonda u ovalada; aunque no te guste el fútbol, o incluso si te parece que nada bueno puede haber ahí. Es un libro ATP/ATC: apto para todo público, apto para toda camiseta.

 

5 comentarios en “Bochini: un libro sobre fútbol, ballet y artes plásticas”

  1. JORGE ALBERTO FERNANDÉZ

    NUNCA LO VOY A OLVIDAR A MI BOCHA QUERIDO LO VI POR PRIMERA VES Y LO VI IRSE DEJAR SU AMIGA LA DE LA MAGIA LIBRE CORRIENDO ASIENDO FIRULETES Y HASTA ASIENDO BARRILETES COMETAS ESE ES SIGE SIENDO MI IDOLO MI AMIGO MI HERMANO TE SALUDO BOCHA EL MÁS GRANDE ENTRE LOS GRANDES ALGUNA BES NOS DIMOS UN ABRASO MI MAMÁ MI PAPÁ TAMBIEN YO POR ESE ENTONSES TENIA 25 AÑOS HOY YA CON 67 AÑOS Y LO SIGO ADMIRANDO CUANDO LO VEO POR TELE EN LOS PARTIDOS DEL ROJO JUGANDO EN LA COLOSA DOBLE VISERA DE CEMENTO DE AVELLANEDA TE AMO BOCHA QUERIDO UN BESO UN FUERTE ABRASO A LA DISTANSIA 😍😍😍😘😘😘💔💔💔💙💙💙💚💚💚

  2. JORGE ALBERTO FERNANDÉZ

    ES LO MEJOR QUE PUDIERON ASER UN HOMENAJE ESTE LIBRO ABLANDO DEL MÁS GRANDE ENTRE LOS GRANDES FELISITO AL ESCRITOR POR EL LIBRO GRACIAS ESCRITOR POR ASER DE MI IDOLO UNA LEYENDA SOY JORGE ALBERTO FERNANDÉZ

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