Por Alejo Santander
La guardé por rara. Nunca la había visto y nunca la volví a ver. Julio Cortázar en Buenos Aires una última vez. Largo, flaco, dándole una pitada profunda al cigarrillo, la mirada extraviada en algún lugar de la vereda, una guayabera blanca, la espalda contra el semáforo, el pincelazo amarillo y negro de un taxi porteño pasándole por atrás.
Siempre sospeché que del otro lado de la cámara que sacó esa foto estaba Dani Yako. Las únicas imágenes que había visto de Cortázar en Buenos Aires en esa última visita a la Argentina en diciembre de 1983, eran suyas. La más conocida una en blanco y negro frente a los almacenes Harrods de calle Florida, en la que también sostiene un cigarrillo.
Cuando se publicó el libro Papeles Inesperados (Alfaguara, 2009), que juntó entre otras cosas párrafos que Cortázar descartó, borradores de Historias de cronopios y de famas, Libro de Manuel y Un tal Lucas, me pareció un acto vil de la industria editorial. Una traición. Compilar y vender eso que alguien que escribe decidió no mostrar y confinó a un cajón de su escritorio.
Y sin embargo cuando empecé a pensar en un título para este artículo, lo primero que se me vino a la cabeza fue: “Una foto inesperada de Julio Cortázar en Buenos Aires”. Porque apareció así, inesperadamente y porque esa imagen, parte de una serie de diapositivas color que sacó Yako ese día, muy probablemente el fotógrafo hubiese preferido confinarlas un cajón de su escritorio.
“Eran unas diapositivas color bastante malas que creo que le vendí al diario Perfil”, dice Yako del otro lado del teléfono, después de ver la imagen. “Viste cómo es con las diapositivas, hacer duplicados era muy difícil, entonces vendías el original. Una locura, vender el original, pero en ese momento era así y como yo no les tenía mucho aprecio”.
La que yo guardé por rara, es una de esas fotos color a las que Yako nunca les tuvo mucho aprecio y a mí me resulta fabulosa. Después de verla, me mandó otra en blanco y negro, Cortázar apoyado en el mismo semáforo, sosteniendo el mismo cigarro, sacada unos segundos antes o después de la que yo tenía. Confirmado, Yako sostenía la cámara.
El autor de Rayuela, que había vuelto a la Argentina después de 10 años sin avisarle a casi nadie, se estaba quedando en un apart hotel de avenida Córdoba y Tres Sargentos. Ahí se encontró con Yako y con el periodista Martín Caparros, para las fotos.
El fotógrafo me contó que le costó convencer a Cortázar para salir a la calle, ese sábado hacía un calor insoportable en Buenos Aires. Pero que al final el escritor terminó emocionado, porque cuando llegaron a Córdoba la gente lo reconoció. Hacía mucho que Cortázar y la Argentina no estaban así, cara a cara, en una calle cualquiera. Fue la última vez.
“Evidentemente estaba enfermo, muy enfermo, pero no lo contaba. El tipo se portó como un señor, nunca habló de la enfermedad pero dijo ‘vine a despedirme de mi madre’”. Yako y Caparrós pensaron que Cortázar se refería a que a su mamá, María Herminia Descotte, entonces de más de 90 años, iba a morirse en cualquier momento. “Lo sentimos”, le dijeron. Tardaron poco en darse cuenta de que Cortázar, escondía algo entre las palabras.
Cortázar, dicen, vino a la Argentina a despedirse. Y sin embargo, en una entrevista televisiva en el aeropuerto de Ezeiza, antes de abordar el avión que lo llevaría primero al Caribe, antes de su regreso a París, dijo que planeaba volver en marzo. Puede que fuera una forma sutil de responderle al mal gusto del periodista que había empezado esa charla preguntándole: “¿Antes de su muerte a qué aspira?”. “A vivir mucho”, le contestó Cortázar.
Las de Yako se convirtieron en unas de las poquísimas fotos que le sacaron durante la semana que estuvo en Buenos Aires. Las únicas en las que se lo ve caminar por la ciudad. La de Caparrós -dicen- en la última entrevista que dio. En esa charla, le dice:
“32 años de vida en Francia te dan una pertenencia a otro país, que a mí no me parece conflictiva ni disyuntiva ni nada. Yo soy argentino y al mismo tiempo me siento muy francés. En el plano de la cultura tengo muchas raíces, muchos contactos con Francia. Treinta y dos años de vivir junto a un pueblo en muy buena relación te crean un gran amor. De manera que la idea de volver definitivamente a la Argentina no se me ocurrió nunca, ni se me ocurre, ni se me va a ocurrir, eso ya lo sé”.
Julio Cortázar peleaba un Último round a Las puertas del cielo. Dos meses después de esa entrevista improvisada en Buenos Aires, el 12 de febrero de 1984, su muerte -inesperada- pudo sorprender a muchos, pero no a él. “Cuando murió miramos las fotos de nuevo y vimos la mano muy flaca, no habíamos notado eso. Ahí nos dimos cuenta del esfuerzo que él había hecho para ocultar el grado de su enfermedad”, dice Yako.
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“Dime cómo fotografías y te diré quién eres. Hay gente que a lo largo de la vida sólo colecciona imágenes previsibles (son en general, los que hacen bostezar a sus amigos con interminables proyecciones de diapositivas), pero otros atrapan lo inatrapable a sabiendas o por lo que después la gente llamará casualidad.”
Julio Cortázar – Ventanas a lo insólito (Papeles inesperados, Alfaguara, 2009)
6 comentarios en “Una foto inesperada de Julio Cortázar”
Recibimos con mucha alegría este bello texto de Alejo Santander. Contanos: Cual es tu Cortázar preferido? En Elabrazo.ar nos quedamos con El otro cielo y El Perseguidor.
Mi cortazar, preferido es Bestiario.
Mi preferido es Autopista del Sur 🤩
A mí me encanta Rayuela, el clásico fragmento: «Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca…»
Y también coincido con El Perseguidor que ha sido un hito en mi adolescencia.
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