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«Almas muertas» y prestamistas desinteresados

 

Por @matucastelli

Hace semanas que se suceden casos de corrupción articulados en los intersticios de la legalidad. La investigación a los movimientos del Jefe de Gabinete Manuel Adorni es el caso paradigmático de una serie de operaciones bajo sospecha. El caso del funcionario que asegura haber construido su patrimonio antes de ingresar al Gobierno supera las tramas de la mejor literatura universal. En la novela «Almas Muertas», de Nikolai Gogol, un vivillo compra documentos de siervos y lacayos (aunque estos hayan muerto) para que los nobles paguen menos impuestos al igual que una escribana convoca a prestanombres para armar operaciones de compraventa. Más casta que el estado zarista no se consigue. No obstante, la avivada criolla supera las maniobras narradas en esta novela considerada el inicio de la literatura rusa moderna.

La novela de Gogol narra las andanzas de Pável Chichikov, un parásito que compra “almas muertas” a los señores feudales. Es que en la rusia zarista, los terratenientes tributaban por la cantidad de súbditos bajo su «protección», según indicaba el último censo vigente, aunque los siervos ya hubiesen muerto. No importaba cuantos súbditos tenía un señor feudal, importaba lo que decía el censo más reciente. En las maniobras de los formularios, en los artilugios de sello de goma, comienza a edificase, folio a folio, párrafo a párrafo, una gran estafa. Chichikov va de un feudo a otro: compra en forma legítima documentos de siervos muertos mientras escucha las supuestas penurias que aquejan a los terratenientes para lograr derramar riqueza sobre sus servidores. Al tiempo que los terratenientes se ahorran impuestos, el burócrata consigue títulos falsos para obtener préstamos y tierras por parte del gobierno. Porque acumular firmas, cualquiera sea su origen, otorga poder territorial y, en definitiva, aporta dinero. Pável hace plata a fuerza de firmas. La bicicleta de almas es precursora de la financiera. La construcción de la legalidad del curro es artificiosa. No importa si es moral; debe ser reglamentario, jurídico, permitido y una larga lista de sinónimos que en vez de aclarar, oscurecen el procedimiento folio a folio.

En Argentina 2026, el fiscal Pollicita investiga la consistencia de una serien de operaciones. Todo tiene tanta apariencia de legalidad como de amañado. Jubiladas que prestan a sola firma, acreedores que prestan en forma tan desinteresada que no reclaman intereses, propiedades vendidas muy por debajo de su valor. La hipótesis del Fiscal es que las cuatro mujeres que figuran como acreedoras no pusieron ni un peso. Sólo concesionaron su firma para el entramado de formalidad. El dinero constante y sonante tiene un origen hasta ahora fantasmal aunque ya se vislumbran conexiones con la irregular privatización (mediante organismo bajo la órbita de Adorni) de un feudo de cincuenta hectáreas a la vera de la General Paz: Tecnópolis. Graciela Isabel Molina y María José Cancio, madre e hija, ambas policías, supuestamente le prestaron a Adorni 100 mil dólares con una hipoteca como garantía. Beatriz Viegas y Claudio Sbato le prestaron doscientos mil dólares a devolver sin intereses. Ambas mujeres son jubiladas. De esta multiplicación del dinero motorizada por escrituras, habría salido el dinero para otra propiedad en un country de Exaltación de la Cruz. La magia de la burocracia hizo muchas veces votar a los muertos. Llegó el tiempo de los prestamistas desinteresados, un verdadero oxímoron del derecho y el mercado financiero.

Pável Chichicov y Adriana Nechevenco. El primero es un personaje de ficción, la segunda es una escribana pero con todas las características de una novela decimonónica. La escribana supera a los excéntricos terratenientes. Sus anteojos de marco hiperbólico y su vocabulario leguleyo forman la caracterización canónica de las mejores novelas realistas. Ambos tienen apellidos eslavos y protagonizan tramas en las que los números no cierran. Vale preguntarse porqué el caso Adorni suma tanta atención cuando hay otros mucho más onerosos para el Estado. Esta investigación, se ha dicho, apunta como un boomerang contra quien levantaba el dedito desde el púlpito. Pero otro aspecto suma altísima acidez para la sensibilidad argenta. Hasta hace dos años y monedas, Adorni era un perfecto clasemedia con pretensiones. Su cambio de entramado capilar y patrimonial pone su figura en línea con el grotesco criollo: el medio pelo que sueña con dar el batacazo. Pero aquí no estamos ante una novela picaresca sino ante el hasta ahora narrador más avezado del relato mileísta. Al escrito de Comodoro Py le falta aún muchos capítulos. Se sumarán detalles que tienen mucho que ver con el grotesco criollo, género por excelencia en el que dan ganas de reír y llorar en simultáneo.

5 comentarios en “«Almas muertas» y prestamistas desinteresados”

  1. excelente pintura! Y un hallazgo de caracterización: «prestamistas desinteresados, un verdadero oxímoron del derecho y el mercado financiero».

  2. excelente pintura! Y un hallazgo de caracterización: «prestamistas desinteresados, un verdadero oxímoron del derecho y el mercado financiero».

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