
Por Verónica Benaim/@vebenaim (Periodista acreditada en el Congreso Nacional, nacida en Tierra del Fuego)
Como isleña, oriunda de la provincia de Tierra del Fuego Antártida e Islas del Atlántico Sur, cada vez que se toca políticamente el tema de las Islas Malvinas desde el centro del país, se interpreta con desconfianza, ya que a Buenos Aires no le suele preocupar el fin del mundo y mucho menos su población.
Basta con mirar las medidas que ha tomado el gobierno de Javier Milei sobre la apertura de importaciones que van en contra de la protección de la industria nacional y que impactan de lleno en la población fueguina, cuya matriz productiva gira -en buena parte- en el trabajo de ensamble de productos electrónicos. O los ataques constantes que se dieron en los últimos años, por diversos dirigentes de derecha y peronistas, que buscaban desarmar el régimen de promoción industrial que rige en la provincia desde la década de los 80 con el fin de mantener población en un territorio importante en materia de geopolítica.
El giro inesperado del discurso del presidente Javier Milei sobre el reclamo a Reino Unido por las Islas Malvinas parece una cortina de humo que apunta más a esconder los problemas internos que tiene su administración con la política económica que aplica. De cara a las elecciones presidenciales del 2027, el milésimo recurre a un tema del que puede sacar una tajada electoral ya que el reclamo por la soberanía de aquellas tierras reúne a toda la nación.
Luego de una reunión de gabinete, se dio a conocer que el proyecto de ley que prepara el canciller Pablo Quirno sobre la defensa de la soberanía nacional va a ingresar en los próximos días por la Cámara de Diputados que preside Martín Menem. Desde el peronismo, la oposición parlamentaria ya adelantó que el marco normativo para castigar las actividades británicas e internacionales ilegales en el Atlántico Sur se encuentra activo a través de la ley 26.659 que sanciona expresamente a las empresas que realicen actividades de exploración y explotación de hidrocarburos en la plataforma continental argentina sin la autorización del Gobierno Argentino. Y la ley 26.915 que modifica la norma anterior para endurecer los castigos e introducir sanciones penales y multas específicas para las compañías, directivos o financistas que colaboren directa o indirectamente con dichas operaciones ilegales.
El núcleo del conflicto y el nuevo mapa geopolítico surgió en 2010 con el descubrimiento de León Marino o Sea Lion, un proyecto petrolero offshore de gran escala ubicado aproximadamente 220 kilómetros al norte de las Islas Malvinas, en aguas cuya soberanía Argentina disputa con el Reino Unido. El yacimiento fue descubierto en 2010 por Rockhopper Exploration y se encuentra a unos 450 metros de profundidad. Las dos compañías propietarias principales del proyecto son Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration.
Navitas Petroleum posee el 65% y es el operador del proyecto. Es una petrolera de origen israelí y su participación se canaliza mediante Navitas Petroleum Development and Production Ltd. (NPDP), una subsidiaria constituida en el Reino Unido. Con la puesta en marcha de este proyecto se aceleraron los tiempos: en 2028 habría 11 pozos submarinos en marcha. En este contexto el Gobierno lanzó medidas a contrareloj haciendo meta anuncios, pues se trata de sanciones y leyes que ya tienen varios años. Animado por un supuesto apoyo de Estados Unidos, el gran peligro es que ante una nueva gestión en el país del norte, el Gobierno Argentino quede en offside. La palabra oportunismo se destaca en los análisis de todo el mundo. El giro inesperado del Gobierno como la Gran Galtieri versión Siglo XXI.
La isla de Tierra del Fuego ha sido históricamente punto de interés de las grandes potencias, léase Reino Unido, Estados Unidos, Israel, China o Rusia. Y despende de la orientación que tenga el gobierno nacional de turno la influencia internacional que se aplica. La respuesta no tiene que ver solamente con el paso comercial de un océano a otro, sino que es pura y exclusivamente vinculada al acceso a la Antártida. La joya del futuro. Por eso, otro de los anuncios de Milei fue vinculado a la continuidad de las obras de la Base Naval Integrada (BNI) en la ciudad de Ushuaia, capital de Tierra del Fuego. Siempre se supo de las riquezas naturales del Archipiélago del Atlántico Sur. Peo nunca hubo una iniciativa tan explícita como León Marino o Sea Lion. Con esta nuevo escenario, las gélidas aguas de la plataforma marítima sur de la Argentina en conflicto con el Reino Unido ingresan en la siempre turbulenta geopolítica del petróleo.
Mediante el DNU 867/2026, el mandatario nacional readecuó el presupuesto vigente y reasignó partidas para fijar los fondos en una obra que data de 2022 y que el mismo gobierno libertario frenó su financiamiento. Al momento, el avance de construcción era de apenas el 9% del total. Durante el gobierno de Alberto Fernández se había evaluado que el financiamiento de este proyecto sea con capitales chinos o rusos. No prosperó. Ahora la oposición advirtió sobre el riesgo de otorgarle participación o control estratégico a Estados Unidos en el Atlántico Sur.
El anuncio, no cayó bien en Chile, donde el presidente Antonio Kast recibió a Milei. Ocurre que, desde la perspectiva diplomática, ex autoridades de Defensa de ese país advirtieron que la fuerte proyección que Argentina busca en el Atlántico Sur y la Antártica bajo la justificación de «supervivencia» colisiona directamente con los intereses estratégicos y territoriales de Chile.
Ambos países mantienen reclamos que se superponen y que en la actualidad están congelados por el Tratado Antártico. Pero, a través del Estrecho de Magallanes, Chile, garantiza a un fiel aliado como ha sido el gobierno británico, la libre navegación hacia las Islas Malvinas. El país vecino también atraviesa su propia grieta con un presidente de ultraderecha que recién asumió en el poder.
Así las cosas, mientras Milei busca complacer a Trump, la interna global que el norteamericano mantiene con otras potencias impacta en la soberanía argentina. En un clima discursivo belicista, ronda el fantasma de una guerra cuya herida sigue abierta, sobre todo cuando los personajes que aparecen en escena vuelven a ser los mismos. Y a todo esto, qué piensan los isleños de Malvinas. Tal vez, una buena respuesta se pueda encontrar en el film “Los vencedores”, de Pablo Aparo. Recomiendo.