Libro osado. La literatura, esa pampa amorfa que luego se llamará Argentina, toda la cosmovisión del siglo XIX, desde la perspectiva de la China Iron. Todo esto narrado no desde la enunciación sino más bien desde las andanzas y la acción, como dice el título y destaca Maria Moreno en los comentarios de solapa.
Imperdible el encuentro de la China con José Hernandez, el autor de Martín Fierro. Recordé a Ema La Cautiva, tal vez precursor de este libro. Por lo desmesurado, por la deriva imprevisible de andanzas, porque nada se dice ex profeso sino que las aventuras son las que dicen y abren potentes huellas en ese mar llamado desierto.
También pensé en declaraciones de Cesar Aira. Ya hay demasiada buena literatura, nos dice. No nos alcanzaría toda la vida para leer la muy buena literatura que ha dado la literatura universal. Pero de todas formas,dice Aira, hay un mandato a la hora de escribir: buscar lo nuevo. Y lo nuevo muchas veces está en reescribir la tradición. En este libro encontrarás la voz de la China, la mujer de Fierro, apenas nombrada en los versos del Martín Fierro, texto canónico de la literatura argentina. Cabezón Cámara puso la mirada en una perspectiva inédita.
En varios momentos me hizo ruido la voz de la China. Por momentos me pareció un tono demasiado contemporáneo, como si estuviese flanereando por Palermo en vez del desierto del siglo XIX. Esto no alcanza a opacar el mérito de narrar lo que nadie había narrado antes. Ese día estuve en Hurlingahm. Una nota policial: robo a un mecánico que repara autos clásicos o de lujo para luego venderlos. Cerca del aeropuerto low cost de El Palomar me sorprendió lo bajo que pasan los aviones. Como los chimangos, salvo por el ruido atronador del siglo XXI.