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Cómo Murió Maradona

“Así murió Maradona. Quien les venga a decir a ustedes, los jueces, que no percibieron lo que le pasaba a Diego, les está mintiendo en la cara. Era elocuente el estado… Les están mintiendo si no les dicen que lo mataron”, afirma el Fiscal Patricio Ferrari. El Fiscal sostiene en sus manos una gigantografía de Diego Maradona sin vida: al mejor jugador de la historia se lo ve semidesnudo y deforme de tanta hinchazón producto de vaya a saber cuántas horas de agonía tras un paro cardiaco. Una imagen tan impublicable como contundente. El Fiscal acerca lo más posible la escabrosa foto al Tribunal como enrostrándoles cierta inacción. En la búsqueda de Justicia el Fiscal usa un medio cuestionable: la exhibición pública de una imagen de una persona que murió segundos antes de la captura fotográfica. Si algo quedó en claro en la primera audiencia sobre el Juicio por la muerte de Maradona, es que la internación domiciliaria fue un desastre, una condena a muerte silenciosa. Otro tema será probar en un Tribunal que efectivamente hubo un homicidio con dolo eventual por parte de los siete profesionales de la salud que están en el banquillo.

¿Por qué el Fiscal muestra una foto? ¿Porqué cruza un límite al exponer a una víctima post mortem? Hace décadas que vivimos en una sociedad de la escenificación. Y dicha escenificación avanza también sobre la institución judicial. No sin algunos reparos, esto significa un gran avance a favor de la democratización y difusión de los actos de la Justicia que, recordemos, es antes que nada un servicio público. Un particular damnificado merece saber qué pasó (los padres de María Soledad por citar un caso emblemático) pero también la sociedad en su conjunto debe tener acceso a los entretelones de una sentencia reparadora. En el caso Maradona, el momento y el medio elegido para la exhibición de la foto no es inocente. El juicio es oral y público entre comillas. El juicio se desarrolla en una sala cerrada y sin transmisión. No obstante, los lineamientos iniciales, (como ocurre en casi todos los juicios de interés público) sí se transmiten por Youtube y, de allí, en vivo, a los canales de todo el mundo si hablamos de un ciudadano universal como Maradona.

La cuestión técnica. La exposición de la foto y su capacidad de multiplicarse en millones en directo no es menor, no es ajena al procedimiento judicial. No podemos deslindar la forma del contenido, tampoco podemos separar el medio de sostén y reproducción (foto + streaming) de los artículos de la ley. Una cosa y la otra están totalmente imbricadas como las dos caras de la moneda. Y en el caso de este juicio, la moneda ya está en el aire. Hace ya casi un siglo que Walter Benjamin señalaba los cambios que sufría La obra de Arte en la Época de su Reproductibilidad Técnica. El disco, las cámaras, modifican el arte, señalaba Benjamín. Los dispositivos no son mero sostén o plataforma de registro. La catedral que abandona su emplazamiento urbano para ser recibida en el estudio de un artista no es la misma catedral. La obra coral que fue ejecutada en un anfiteatro a cielo abierto y se mete en una habitación por medio de una grabación no es la misma obra coral. Si cambia la percepción, cambia la obra. Hoy los ejemplos se multiplican. Invito a cualquier lector a hacer la prueba. Probá la diferencia entre escribir una carta en papel o en Word con un teclado de compu y en un chat de Instagram o de una app de citas. Ocurrirá lo contrario a la fatalidad borgeana de Pierre Menard autor de El Quijote. Aunque una persona se proponga escribir lo mismo en un Word y en un chat de Instagram esto resultará imposible.

En diciembre pasado cubrí como periodista otro juicio relevante. En aquel caso era por el parricidio de un millonario matrimonio en su Petit Hotel de Vicente Lopez. El principal acusado, finalmente condenado por homicidio agravado, era su hijo, Martín del Río. Pequeño gran detalle formal: aquel fue un juicio por Jurado. “Martín ¿De qué te vas a disfrazar hoy?”, así comenzó su alegato el Fiscal. La frase estuvo durante más de una hora proyectada en una pantalla de tres metros por cuatro en la que se apoyó el Fiscal mediante fotos y textos breves para desarrollar su acusación. El fiscal incorporó la pantalla y fue muy coloquial. Priorizó todo el tiempo el lenguaje futbolero por sobre los tecnicismos judiciales ¿Raro? Para nada. Le hablaba a doce ciudadanos que conformaban el jurado popular. No le hablaba a abogados. Es más, los integrantes de un jurado popular no pueden ser letrados. El fiscal, al igual que los abogados defensores, realizaron un acting de pie. Tenían que convencer a doce ciudadanos comunes que fueron convocados como se cita a las autoridades de mesa para las elecciones: por sorteo. El Fiscal recordó a su abuela, Regina, que, en Mendoza, cuando se portaba mal, le decía: “De qué te vas a disfrazar cuando llegue tu padre”. Cuestiones del juicio por jurados. Sí como en el cine de Hollywood pero en los Tribunales de San Isidro.

Misma sala, distintos fiscales, distintas causas: juicio por muerte de Maradona y Causa Martín del Río. Las medidas de prueba (peritajes balísticos, médicos, químicos) ya están finalizadas. Lo que vale en el juicio es la difusión, despliegue e interpretación de dichas pruebas. En estos tiempos las app y el streaming – antes otras técnicas de avanzada como lo fueron la imprenta, la litografía, la cámara de fotos, el telégrafo, el cine, las cámaras de video, el teléfono- no solo modifican nuestra cotidianeidad, modifican nuestra forma de escribir y, por ende, nuestra forma de pensar. Pues como ha señalado Benjamin no hay laser que deslinde forma de contenido. Un juicio oral y público es un procedimiento formal en el que también está en juego la percepción. Porque un juicio es también, y ante todo, la deriva -muchas veces impensada y sorprendente- de la escenificación de las pruebas.

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