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Fernando, la sentencia y la serie documental

 

Fernando, la sentencia y la serie documental

Por Matías Castelli

«50 segundos», documental de tres capítulos sobre el asesinato de Fernando Báez Sosa, es una de las series más vistas en Netflix en Argentina. Se trata de un documental logrado porque muestra las diferentes miradas e incorpora por primera vez, de manera articulada, la reconstrucción del crimen, el juicio y los distintos testimonios. Desde el punto de vista periodístico se destaca el testimonio -en prisión- de “los rugbiers” condenados y sus padres. El documental narra una problemática que se repite en todos los casos de alto impacto social: la construcción de una condena o absolución mediática o pública por sobre la judicial. En este punto, el documental muestra su principal carencia. «50 segundos» repite lo que fue la cobertura mediática en vez de hacer foco en las pruebas contundentes que se mostraron durante el debate. Queda así a la vista que los guionistas no cubrieron el juicio de primera mano sino que hicieron un relevamiento de las coberturas de los medios.

 

Tengo el honor de aparecer en algunos fragmentos. También aparecen, de manera impecable, destacados periodistas como Alejo Santander y German Condotto. Una problemática que muestra el documental y que se vivió durante las semanas que duró el juicio fue la reiterada consigna que sólo #perpetuaesjusticia. No quise sumarme y creo que el periodismo no debe plegarse de manera automática a una consigna de ése tipo. Mucho menos aún durante un juicio. En todo caso, vale mejor preguntarse ¿Que es la justicia ejemplificadora? La respuesta es muy simple: un fallo ejemplificador y ejemplar es aquel al que se llega de manera contundente por las medidas de prueba.
Durante el juicio oral y público fue muy enriquecedora la experiencia porque los acreditados al juicio oral y público pudimos ver y dar a conocer el trabajo de los peritos (ADN, videos y reconocimiento facial, escopometría). Eso es ejemplificador. Como acreditado en la sala del juicio puedo confirmar que las condenas se ajustaron a derecho porque hubo testigos y hubo profesionales auxiliares de la justicia que hicieron bien su trabajo. Si hay prueba para 5 condenas perpetuas que sean 5. Si hay prueba para 8, !que sean 8! Y si no hay prueba para ni una !que no haya perpetua alguna! En este caso la escopometria fue contundente: las marcas en el rostro de Fernando se correspondían de manera indubitable a las zapatillas de Máximo Thomsen. Así se sucedieron, con contundecia, el resto de las pruebas como las de reconocimiento facial. Recordemos que nunca antes se había sustanciado un juicio con tanta prueba recolectada a partir de los videos y mensajes de los celulares. No dejemos que lo que machaca el humor social nos nuble la razón. Paso muchas veces además un viejo vicio de la justicia: para la tribuna, en primera instancia, condenas «ejemplificadoras» que luego, en segunda instancia, se caen como castillo de naipes. Este no fue el caso porque las cinco condenas perpetuas se fundamentaron muy bien durante el debate y como muestra el documental en los títulos de cierre, las condenas fueron confirmadas en segunda instancia.

 

Estimado lector. Si llegó hasta aquí, nuestro reconocimiento. Usted sabe que este es un sitio que combina libros y noticias. Aquí vamos al punto performativo que tiene esta nota en particular. Aquí no hablamos de un libro efectivamente escrito y publicado sino de un libro que en su momento propuse. Lo que sigue es el resumen de un libro aún no escrito pero sí con un sumario y desarrollo de la idea.

El objetivo del libro no es contar cómo fue el crimen que cambió a la sociedad argentina. Por el contrario este libro relatará, de manera minuciosa, el camino de la justicia para establecer las sentencias. El libro tendrá cinco capítulos fundamentales: la autopsia, los adn, la scopometría, la tecnología de reconocimiento facial y éstas tres pericias cruzadas con los 22 testigos presenciales del homicidio. Los capítulos no sólo recabaran las los testimonios de testigos y peritos sino que fundamentalmente describirá el trabajo realizado en los laboratorios en criminalística donde se evaluaron las diferentes pruebas.

Por esto, el libro es sobre el caso Fernando pero también sobre tantísimos otros casos. ¿Será justicia? El libro demostrará cómo en este caso -reflejo de muchos otros- se trabajo para alcanzar una sentencia gracias a los elementos de la ciencia.

CAPITULOS

La madrugada del 18 de enero

La autopsia

Todo grabado, un crimen de nuestro tiempo

Los testigos

El noqueado que vive

Scopometria 

ADN

Sentencia

 

SINOPSIS

Un juicio oral y público no es más que la puesta escena de la prueba. Un juicio tiene un guión, una agenda de audiencias en la que se repasa cada una de las fojas numeradas durante la instrucción. Pero cada tanto, en forma espontánea o de manera estudiada por la defensa o por la acusación, el guion vuela por los aires. Son minutos intensos en los que se da una revelación seguro fundamental para la construcción de una sentencia. Gracias a la cobertura que realicé para un noticiero pude ver en detalle esos instantes de revelación que tuvo el juicio. Y en cada uno de estos momentos de revelación se generó el cruce entre pericias científicas y derecho penal.

Testimonios y el registro de los gestos, las reacciones de los acusados, las estrategias capciosas de los abogados, el día a día del juicio que no se vio en TV. El juicio, en lo formal, ya terminó. Pasaron más de cien testigos.

 

Capítulos. En La madrugada del 18 de enero, se analiza minuto a minuto lo ocurrido entre las 4 y 5 de la mañana. El cruce sincrónico entre videos, audios de whatsapp y testimonios. En El noqueado que vive escuchamos a Tomás D Alessandro, también golpeado por los acusados. Tomás es un sobreviviente. El título del capítulo se inscribe en la frase que dio inicio a la non ficción: Hay un fusilado que vive. Tomás declaró en el juicio pero nunca dio una entrevista hasta el momento. En Los testigos se analiza el testimonio de los más de cien testigos propuestos por la acusación y la defensa. Los siguientes tres capítulos representan el porqué de este libro. Entrevisté a los peritos que hicieron las medidas de prueba más importantes. Podría volver a entrevistarlos en los laboratorios de criminalística donde se realizaron las pericias. Tengo acceso a los expedientes. En Todo grabado, un crimen de nuestro tiempo analizo el cruce entre tecnología de reconocimiento facial, datos biométricos y las grabaciones del ataque. Se trata tal vez del primer caso de la historia criminal argentina ocurrido en vía pública y a su vez con tanto material digital. La Scopometría sobre los pies de Thomsen dejó impresiones indubitables en la cara de Fernando. Los ADN que señalan en forma inapelable. Cómo se elaboró y analizó cada una de las pruebas en los distintos laboratorios de criminalística. El quiebre del silencio tiene menos que ver con qué dijeron los acusados. Se trata más bien de dos capítulos en los que se analiza el porqué declararon los acusados. Es decir: cómo la exhibición de la prueba criminalística descripta en los tres capítulos anteriores terminó por generar las declaraciones de los acusados.

¿Por qué pegarle a alguien que está en el piso? Es una pregunta que nos atraviesa. Desde los códigos de la calle, hasta sus implicancias simbólicas y sociales más allá de la sentencia de la Justicia. Es la pregunta que se hizo la sociedad. Contrasta con el rigor de los peritajes científicos.

 

Fragmento de capítulo El quiebre del silencio 

 

(Este capítulo reconstruye la intervención del abogado querellante Fabián Améndola y de los peritos de reconocimiento facial. Cómo se llegó a este cruce revelador entre videos, reconocimiento facial y una estudiada estrategia de acusación.)

 

Jueves 12 de enero, 11.30 de la mañana. En la audiencia declaran en forma simultánea cuatro peritos de reconocimiento facial de la Policía Federal. Cada uno de los acusados está indicado por una nomenclatura alfanumérica. La audiencia es tediosa. Los acusados ni siquiera son identificados por sus nombres. Señala la perito   :»El acusado E aparece tres veces en estos videos, por lo cual es identificado en la filmina 34 cómo E1, E2, E3…». Entonces Fabián Améndola pide la palabra. “En AE1, el pantalón cremita ¿A quien pertenece?” Hay unos segundos de suspenso. Los peritos explican que ellos sólo pueden trabajar a partir de material indubitable, es decir el cruce entre videos y datos biométricos. En el fragmento sobre el que pregunta Améndola no se alcanza a ver el rostro de la persona sobre la que se pregunta. El perito se excusa. Ese punto queda al margen de su pericia. Fabián Améndola insiste. Solicita a la secretaria del Tribunal la foja 1651 de la instrucción. Segundos más tarde, la secretaria deja abierta de par en par una carpeta sobre una mesita a los pies del tribunal. El papel amarillento de una foja más bien decimonónica contrasta con el monitor y el lenguaje digital de los peritos.

Améndola habla del pantalón de uno de los Pertossi. Sus preguntas seriadas una atrás de otra en pocos segundos hace que la sala salga de su modorra. El juez Emiliano Lazzari deja de mastigar uno de los maníes que guarda con sigilo en el estrado. Améndola prosigue como en el cuadro sinóptico propio de una batalla naval. Habla con precisión de las distintas prendas de los acusados. “Mancha rojiza en botamanga y parte delantera”, dice sobre una de las prendas con nomenclaturas difíciles de seguir en vivo. Amendola parte de las imágenes indubitables, las capturas realizadas dentro del boliche Le Brique, con cámaras de mejor calidad. Esas capturas son el kilómetro cero de los peritos. A partir de esas imágenes, analizan todas las subsiguientes. Améndola se siente seguro. Y avanza con paso decidido ¿Cuantos acusados llevaban remera negra según el peritaje de las imágenes? Le pregunta al perito González. “Tres”, responde González. Améndola solicita a González que identifique a los tres acusados de remera negra. En el video que se observa en el monitor de la sala, se ve a los acusados que golpean al amigo de Fernándo, Tomás D Alessandro, a la altura del baúl de un auto estacionado color champagne. Un acusado de remera negra patea a D Alessandro en el piso y va hacia donde está Fernando ¿Este quién es? pregunta Améndola. El perito reitera que los datos biométricos no son suficientes en la muestra como para poder identificarlo. Améndola prosigue con su operativo descarte. “Bien. Pero ustedes sí pueden confirmar que tres de los acusados llevaban remera negra, no? Digo esto en base a los datos biométricos y el cruce con las imágenes”. El perito asiente. Améndola prosigue con una serie de preguntas que parecen preparadas hace meses para este momento. Los acusados comienzan a hablar entre ellos. Están en dos bancos, de a cuatro. El diálogo comienza en un extremo y pasa de oído a oído. “Este tiene remera negra, pero se ve también la franja en blanco de la marca Element. Ese es Ciro Pertossi ¿correcto? Este otro lleva remera negra también pero bermudas. Es según la pericia de imágenes, Maximiliano Thomsen ¿correcto? El único de remera negra lisa y pantalón cremita es Luciano Pertossi”, señala Améndola. Entonces, por primera vez, después de nueve días de juicio y a casi tres años del crimen, un acusado pide la palabra. “Quiero aclarar algo, yo no estaba ahí”, dice Luciano Pertossi cuando aún está de pie rumbo al banquillo. La presidenta del Tribunal le indica que espere. Ordena a los peritos que se retiren de la sala. Llama dos veces más a silencio a Luciano Pertossi que no para de hablar por fuera de los márgenes formales de un juicio. Le indica que tome asiento, le repasa sus derechos, le solicita que especifique al micrófono su nombre completo y apellido. Le recuerda que sólo puede hablar mirando al frente. El tribunal se dispone a escuchar por primera vez a uno de los acusados.

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