Las Malvinas constituyen un relato que no tiene fin. Las Islas, Los Pichiciegos, Iluminados por el Fuego, Ovejas, Cuando te vi caer, son sólo algunos de los libros que se han inspirado en el archipiélago. Pero La Limpieza de Carlos Godoy pareciera no reconocer precursores ni afinidades. La única característica que dialoga fuerte con la tradición literaria argentina es la de la violencia sobre los cuerpos. Flex no sólo es estaqueado; su cuerpo es el territorio del mapa que sigue la patrulla que protagoniza la misión narrada por este informe documental devenido en nouvelle.
La Limpieza tiene la estructura de un tríptico. En el primer apartado, conocemos a Santo, que no se llama Santo, pero así se hace llamar porque de chico Jesús lo miraba fijo en la Parroquia.
Santo es un militar resucitado. Había muerto en un accidente aéreo provocado por la venta ilegal de combustible, típico asunto de corruptela de cuartel. Pero Santo aparece en la base como un resucitado junto a Astillero, un perro de pelo oleaginoso. Un muerto que habla. Primera disociación de una larga lista entre relato y episodios. Santo es quien arma un pelotón paradójico puesto que los cinco reclutados para la misión son, ante todo, bajas: la Bruja, el que abre candados, el sordo, el gigante y Flex. En el segundo apartado, conocemos el derrotero de la misión hacia el cráter en la que resulta central el guano sagrado y el sacrificio humano. El tercer apartado o capítulo es el informe militar sobre la misión. Sólo el pegamento del lomo del libro pareciera poder unir estos tres relatos.
“No es fácil entender lo que sucede una vez dentro de Las Manchas, mucho menos narrarlo”. Si algo pone en evidencia el pretendido capítulo de cierre, el informe burocrático para la comandancia, es la disociación entre la meticulosa planificación militar y los acontecimientos. Y el registro de documental que tiene la narración pone aún más en evidencia lo artificioso del realismo.
Porque la narración, de tono enciclopédico o informe militar, se caracteriza por hacer agua en el campo de batalla y a cada renglón. El relato de la patrulla avanza sin adjetivación, sin sentimentalismos, menos aún prosa poética. El narrador es una suerte de voz en off. Alguna observación podrá volverse dramática en la cabeza del lector pero nunca está indicada a priori en el texto. “Hay algo de majestuoso y patético a la vez en la visión de un hombre solo en la nieve”.
La única referencia etnográfica precisa en La Limpieza no es lingüística. La única referencia a Las Malvinas es un dibujo de las islas en la página 1. Antes de todo está el dibujo o relieve de las islas. Porque no es un mapa, es tan solo la silueta en negro sobre blanco. Una referencia simbólica.
Como signo lingüístico, como palabra, nunca se menciona a Las Malvinas; sólo se mencionan Las Manchas. Con tono de documental, el libro deja en claro los límites de la narración realista. Y el territorio narrativo aparece tan irregular como las costas de Las Malvinas. La inestabilidad no sólo afecta al sistema de la lengua: todos los dispositivos se vuelven ineficaces en Las Manchas. Las brújulas, los indicadores de radiación, los parámetros magnéticos, todas las agujas y mediciones enloquecen. No obstante, algo queda: en el centro del conflicto está la limpieza nacional/racial y los derechos por ocupación ancestral. Esa voz, ése argumento, sí que es una matriz ideológica reconocible en casi todas las guerras conocidas: la limpieza racial.
La misión de la patrulla de Las Manchas sí reconoce, al fin, una familiaridad: Apocalipsis Now. Tanto el capitán Willard como La Bruja lideran una destacada misión militar secreta. Mientras el grupo especial se adentra en la selva todo va perdiendo sentido. En cada bifurcación, rio arriba, las alucinaciones se apoderan de los soldados que deambulan en un territorio inespecífico entre Vietnam y Camboya. Sin embargo, en Las Machas, no hay un camino hacia la extrañeza: las fuerzas extrañas constituyen Las Manchas. En el archipiélago no hay ni arriba ni abajo, ni paz ni armisticio, ni destino ni comienzo. La patrulla no destruye a su paso porque no hay lugar dónde afianzarse: sólo queda el inquietante presupuesto de la guerra, la necesidad de una limpieza.
Anduve con este libro en Conferencia del Bloque Piquetero Nacional, en días en el que la inflación (roguemos que no llegue a híper) resucita a los que se presentan como nuevos con fórmulas más viejas que pasar el invierno, la Ucedé que llenaba estadios y el 1 a 1 que terminó en estallido.