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Maradona. El documental que bloqueó el juicio

 

 

En la audiencia del 27 de mayo resultó recusada la jueza Julieta Makintach. Durante los diez días previos el juicio se dio vuelta. Pues los abogados defensores -en particular el Dr. Julio Rivas, letrado del neurocirujano Leopoldo Luque- tomaron la iniciativa y pusieron a la magistrada en el banquillo. La primera recusación ocurrió el 15 de mayo. Fue porque la jueza supuestamente prejuzgaba en sus preguntas. Acto seguido, el letrado pidió individualizar a dos personas que estaban en la sala. El letrado pidió que se investigue si esas personas estaban realizando un documental para la BBC. En un principio, el recurso del abogado pareció mas bien un manotazo de ahogado. Doce días más tarde, la apabullante prueba recolectada terminó por significar el apartamiento de la Jueza: quedó demostrado que Makintach autorizó el irregular ingreso de personas a la sala para realizar un documental en simultáneo al avance del juicio.

“Ese material era íntimo. Lo realizó una amiga. No advertí nada irregular. Fue torpe. Pero tenía una noble finalidad, acercar la justicia a la sociedad. No hay irregularidad, no hay delito, no hay mal desempeño. Yo de este juicio no me aparto pues no hay razón que lo justifique”, con esta defensa de sí misma la jueza Makintach arrancó la audiencia. La respuesta del Fiscal Patricio Ferrari, sí del Fiscal, fue lapidaria. Es decir, el fiscal no señaló a los acusados sino a la propia magistrada. Ferrari demostró en su larga exposición que los infiltrados en el juicio respondían a algo muchísimo más grande que “una entrevista íntima realizada por una amiga”. La jueza Makintach protagonizaba un documental de seis capítulos, un meta juicio. El fiscal describió el contenido descubierto tras seis allanamientos. “El juez de garantías tuvo que derribar seis puertas, buscar pruebas, para demostrar que Makintach nos mintió en la cara”. Efectivamente, el fiscal proyectó por la pantalla de la sala el trailer del documental “Justicia divina, la justicia detrás de Dios”. El último capítulo de la serie, según el guión, es La sentencia. “Si esto no significa adelantar una sentencia, de qué estamos hablando”, lanzó el fiscal como pregunta retórica. Otra prueba resultó contundente. El Fiscal mostró un video en el que se ve que María Lia, amiga de la jueza y guionista del documental, ingresó a la sala acompañada por la policía custodia de la jueza Makintach. No hay registro del ingreso de la infiltrada porque María Lía y el camarógrafo entraron por la misma puerta de los magistrados. La jueza enfrentará seguramente denuncias por tráfico de influencias, incumplimiento de deberes de funcionario público, falta de decoro, entre otras acusaciones.

“Esto fue un reality. En todo momento interpretó el papel de actriz y no de jueza. El guión está escrito y se lo vamos a contar ahora”, señalo el fiscal con el timming de un conductor de TV y acto seguido efectivamente mostró el guión de los seis capítulos de la miniserie. Es decir, demostró con exhaustiva prueba que mientras se desarrollaba el juicio, la jueza tenía un doble rol: magistrada y protagonista de Justicia Divina, “un reality con estructura de miniserie en seis capítulos de treinta minutos, una cruza entre periodismo y cine documental; mientras reconstruye la muerte de Maradona e hitos de su vida vinculada al abandono”, señaló el fiscal leyendo el guión que había sido secuestrado de una de las productoras encargadas del millonario proyecto audiovisual.

Cuando comenzó el juicio, Elabrazo.ar publicó una nota sobre la incidencia de los medios de reproducción audiovisual en el arte e internet y tecnología mediante su ascendencia ya no sólo sobre el arte sino también sobre la política, los medios, la justicia y la vida privada de cada uno de nosotros. Es decir, en todo. En este caso, las posibilidades técnicas terminaron devorando a una magistrada y con ella a todo un juicio sobre acaso el mejor jugador de futbol de todos los tiempos. Va a ser muy difícil que el juicio no tenga que volver a foja cero después de veinte audiencias y más de 50 testimoniales. Las posibilidades tecnológicas primero despersonalizaron a una magistrada y a partir de entonces se introdujeron como un virus que se viralizó por redes y terminó por herir (casi) de muerte al juicio. Si el juicio seguirá o no es muy difícil de saber. Pero la sanidad del juicio parece, a esta altura, irrecuperable. Si las partes acuerdan seguir y dar por válido lo actuado hasta ahora se corre un gran peligro: que luego el juicio sea declarado nulo. Y, como es sabido, nadie puede ser juzgado dos veces por un mismo delito. Así se sellaría la impunidad y nunca jamás quedaría en claro cómo y porqué murió Diego Maradona.

En marzo, al iniciarse el juicio hablamos de la cuestión técnica y su influencia en todas nuestras vidas, incluso en un ámbito tan formal como un juicio. Es que en la primera audiencia el Fiscal exhibió una foto de Maradona totalmente hinchado. Y lanzó al Tribunal: “Quien les diga que no sabía que Maradona se iba a morir les está mintiendo en la cara”. Ese momento estaba siendo transmitido en vivo por youtube pues, como suele suceder, la Suprema Corte bonaerense transmite los lineamientos iniciales de los juicios de trascendencia pública. Pero, como sabemos ahora, además de las cámaras autorizadas, había una cámara infiltrada en este juicio. Y es la doctora Makintach quien autorizó ése ingreso irregular para la realización de las tomas de su reality. La exposición de la foto y su capacidad de multiplicarse en millones en directo no es menor, no es ajena al procedimiento judicial. No podemos deslindar la forma del contenido, tampoco podemos separar el medio de sostén y reproducción (foto + streaming) de los artículos de la ley. Una cosa y la otra están totalmente imbricadas como las dos caras de la moneda. Y en el caso de este juicio, la moneda ya está en el aire. Hace ya casi un siglo que Walter Benjamin señalaba los cambios que sufría La obra de Arte en la Época de su Reproductibilidad Técnica. El disco, las cámaras, modifican el arte, señalaba Benjamín. Los dispositivos no son mero sostén o plataforma de registro. La catedral que abandona su emplazamiento urbano para ser recibida en el estudio de un artista no es la misma catedral. La obra coral que fue ejecutada en un anfiteatro a cielo abierto y se mete en una habitación por medio de una grabación no es la misma obra coral. Si cambia la percepción, cambia la obra. Hoy los ejemplos se multiplican. Invito a cualquier lector a hacer la prueba. Probá la diferencia entre escribir una carta en papel o en Word con un teclado de compu y en un chat de Instagram o de una app de citas. Ocurrirá lo contrario a la fatalidad borgeana de Pierre Menard autor de El Quijote. Aunque una persona se proponga escribir lo mismo en un Word y en un chat de Instagram esto resultará imposible.

En el juicio de Maradona hay un aquí y ahora, un aura del juicio, que ya no se podrá recuperar. Si las partes se ponen de acuerdo, un nuevo juez tendrá que mirar los videos de todas las audiencias para ser el reemplazante de Makintach. Pero en ése acto de ver el juicio por tv justamente se habrá perdido la esencia del juicio oral, que implica la escenificación de las pruebas, las testimoniales en vivo y la apreciación que realizan los jueces con sus propios ojos no sólo de la pruebas sino de hasta las caras y gestos de los testigos e imputados. La realización de un meta juicio en formato documental, el registro de las audiencias, el doble rol de una magistrada, la reproductibilidad técnica del juicio terminaron por devorar el juicio mismo y la reproducción de la prueba -al menos por el momento- anuló la validez de esa misma “prueba original”.

2 comentarios en “Maradona. El documental que bloqueó el juicio”

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